Dónde alojar tu web: hosting compartido, VPS o nube

La comparación práctica entre las tres opciones, qué preguntar antes de contratar, por qué el dominio debe estar a tu nombre y las cinco cosas que separan un proveedor decente de uno que te dará problemas.
· Arquitectura cloud
El alojamiento es una de esas decisiones que parecen técnicas y son de negocio: determina si tu web está disponible cuando un cliente la busca, si puedes recuperarla cuando algo se rompe y si puedes llevártela cuando quieras. Vamos con lo que hay que saber para elegir sin depender de la fe.
Las tres opciones
Hosting compartido
Tu web vive en un servidor junto a muchas otras. Es la opción más barata y la que menos gestión exige: el proveedor se ocupa de todo.
Para quién: webs corporativas, blogs, tiendas pequeñas. Para la mayoría de las empresas pequeñas es la opción correcta y no hace falta nada más.
Su límite: compartes recursos. Si otro sitio del mismo servidor se dispara, tu web lo nota. Y el margen de configuración es reducido.
VPS (servidor virtual privado)
Una porción reservada de un servidor, con sus recursos garantizados y control total sobre la configuración.
Para quién: aplicaciones a medida, tiendas con tráfico, varios sitios juntos, cualquier cosa que necesite software específico.
Su límite, y es el importante: lo administras tú. Actualizaciones de seguridad, copias, certificados, cortafuegos. Un VPS sin nadie que lo mantenga es un servidor comprometido esperando su turno — y no es una hipótesis, es lo que pasa.
Nube (los grandes proveedores)
Infraestructura que se paga por uso y escala según demanda.
Para quién: proyectos con picos fuertes o muy variables, o con necesidades de arquitectura serias.
Su límite: la factura es variable y difícil de predecir, y se paga por conceptos que no son evidentes —tráfico de salida, peticiones, almacenamiento— hasta que llega el recibo. Para una web corporativa normal, la nube suele ser cara y compleja sin dar nada a cambio. Por qué se dispara la factura y cómo bajarla lo tratamos en por qué sube tu factura de la nube.
La regla práctica
Empieza por lo simple. Hosting compartido de calidad para una web corporativa; VPS cuando tengas una aplicación propia o el compartido se quede corto de verdad; nube cuando el problema sea de escala y alguien lo esté midiendo.
Sobredimensionar al principio es un gasto seguro contra un problema hipotético.
Lo que hay que preguntar antes de contratar
- ¿Qué copias de seguridad hacéis, cada cuánto y cuántos días guardáis? Y la pregunta de verdad: ¿puedo restaurar yo mismo, sin pedir permiso ni pagar aparte? Muchos proveedores hacen copias y cobran por devolvértelas.
- ¿Cómo me llevo mi web si me voy? Que exista una exportación completa —ficheros y base de datos— accesible por ti.
- ¿Incluye certificado y se renueva solo? Un certificado caducado deja la web con un aviso de inseguridad delante.
- ¿Dónde están físicamente los servidores? Importa para la velocidad y para el tratamiento de datos personales.
- ¿Qué soporte hay y en qué horario? Con un tiempo de respuesta escrito, no «atención 24/7» en la portada.
El dominio: la parte que más disgustos da
Y es la más fácil de arreglar. Tres reglas:
El dominio se registra a nombre de tu empresa, con tu correo como contacto administrativo. Si lo registró tu antiguo proveedor a su nombre, el dominio es suyo, no tuyo. Es el motivo más habitual de que una empresa no pueda cambiar de proveedor.
Registro y alojamiento pueden estar separados, y a menudo conviene: si te peleas con el proveedor de hosting, no quieres que también controle tu dominio.
Activa la renovación automática y comprueba que la tarjeta asociada está vigente. Un dominio caducado por descuido se pierde en cuestión de semanas, y recuperarlo puede ser imposible o carísimo.
Comprueba hoy quién figura como titular del tuyo. Es una consulta pública y de un minuto.
Cinco señales de un proveedor que dará problemas
- No puedes acceder al panel: todo pasa por «pídeselo a nuestro técnico».
- No hay copias, o hay pero no puedes restaurarlas tú.
- El dominio no está a tu nombre.
- Versiones de software antiguas y sin plan de actualización.
- Precio de primer año agresivo y renovación varias veces mayor.
Lo que casi nadie mide y debería
Pon un monitor de disponibilidad —los hay gratuitos— que compruebe tu web cada pocos minutos y te avise por correo si se cae. Es de las cosas más baratas y más útiles que puedes hacer, y evita el escenario clásico: descubrir que llevas dos días caído porque te lo dijo un cliente.
Si esto es tu caso
Elegir alojamiento, migrar sin cortes y dejar copias, certificados y monitorización funcionando es arquitectura e infraestructura; la web que va encima, web y tienda online. La otra mitad del asunto —que tus datos sobrevivan a un desastre— está en copias de seguridad: la regla 3-2-1.
Y si ya estás en la nube y lo que no cuadra es la factura, mirar dónde se te va el dinero es un encargo aparte: la revisión de tu factura de la nube.
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Guía informativa. Las condiciones concretas de cada proveedor —copias, exportación, ubicación de los servidores— se comprueban en su contrato antes de firmar, no en su página de precios.